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Preguntas frecuentes

La calidad del sonido

Valorar la calidad de un equipo reproductor, resulta altamente complicado. Básicamente podríamos reducirlo a tres aspectos.

Los parámetros o medidas cuantificables en el laboratorio, como la distorsión armónica, respuesta de frecuencias, relación señal/ruido, ganancia o la potencia.

Los parámetros o medidas no cuantificables por equipos de laboratorio, como la calidez del sonido, timbre, separación de sonidos, presencia. Y es que hay que reconocer, que aunque mucho se haya estudiado e investigado, hay todavía aspectos que técnicamente se nos escapan, y que un experimentado oído puede llegar a apreciar.

La valoración personal y subjetiva, que se inicia en el momento que las ondas acústicas alcanzan el oído, y cuya información es procesada y juzgada por nuestro particular cerebro, en función de nuestros datos acumulados en memoria, cultura musical, gustos, y un sinfín de razones en las que obviamente no podemos ni debemos entrar.

Realimentación

La realimentación consiste en reintroducir con signo totalmente opuesto, una parte de la señal amplificada en un paso anterior. Tiene un efecto positivo, al mejorar la distorsión armónica y de frecuencia, y un efecto negativo al disminuir la ganancia. En pequeñas proporciones, puede ser tolerable, aunque su uso está bastante desprestigiado, precisamente por haberse abusado en exceso. La realimentación podríamos asimilarla a las salsas, que como bien dicen los cocineros, sirven para disimular un mal guiso.

Potencia

La potencia en un amplificador doméstico es algo muy relativo. Cuando hablamos de potencia, debemos referirnos a valores reales, eficaces o RMS, que se corresponden con unidades normalizadas. Las potencias musicales o de pico o eventuales, no son otra cosa que conceptos comerciales, que se han introducido demasiado comúnmente, para confundir. Aunque con las lógicas excepciones para casos particulares, en líneas generales podríamos decir que una potencia de 5 W. RMS por canal, podría ser suficiente para una casa.

Las válvulas y demás componentes. Selección. Pareado. Válvulas NOS

Cualquier componente electrónico, tiene unas tolerancias de fabricación. En equipos de un cierto nivel, resulta imprescindible la selección y pareado de componentes para un resultado óptimo. Regularmente se ofrece en el mercado conjuntos de válvulas pareadas. Debemos aclarar que salvo raras excepciones, el referido pareado se refiere únicamente a su capacidad de emisión, en condiciones determinadas. No garantiza pues que el resto de parámetros importantes, distorsión armónica, respuesta de frecuencias, ganancia, tengan unos valores ni equivalentes ni adecuados. Resulta altamente recomendable en un equipo que se precie, el análisis y selección de cada uno de los elementos que lo componen, y especialmente las válvulas.

Con respecto a las válvulas NOS, es verdaderamente un tema delicado. No podemos pasar por alto las en muchos casos, innegables cualidades constructivas y acústicas de estas válvulas. Pero hay que tener en cuenta, que el simple hecho de haber sido fabricadas hace 30 o 40 años, por firmas de reconocido prestigio, no garantiza absolutamente su calidad ni funcionamiento, sino después de un detallado análisis y selección.

Los equipos de HIFI, High-End y su mantenimiento ¿son caros?

Son equipos muy especiales, casi de laboratorio, por su complejidad, calidad de construcción y componentes, que requieren una muy especial dedicación y mantenimiento, porque su propietario especialmente exigente, así lo requiere. Esto naturalmente, no está al alcance de todos los presupuestos. Naturalmente que todos los equipos son diferentes y tienen sus particularidades. Todos sabemos que calidad y coste no siguen proporciones lineales, porque a partir de un cierto nivel, un pequeño aumento de la calidad, supone un gran esfuerzo, a veces desproporcionado. Un equipo de alto nivel y reducido número de unidades, significa necesariamente un mayor coste. La regla no puede aplicarse a la inversa, es decir, el equipo más caro no tiene porqué ser tampoco el mejor, ya que hay factores distorsionantes, marketing, valoraciones poco objetivas o interesadas, o las opiniones de personas sin ningún bagaje ni preparación técnica, que adulteran el resultado. La elección pasará necesariamente por dos condiciones, el presupuesto, y la apreciación personal.

Simétrico y asimétrico

El montaje más común es el asimétrico en preamplificadores y pasos previos de potencia, y simétrico, balanceado o push-pull en la etapa de salida. En los amplificadores o pasos asimétricos se utiliza un punto común de la entrada conectada regularmente a masa, con un solo circuito amplificador. En los simétricos o balanceados, cada uno de los polos de entrada se envía a un amplificador, utilizándose la masa exclusivamente como blindaje y punto de referencia. El montaje simétrico es básicamente un asimétrico duplicado, donde cada paso, actúa de forma opuesta.

Las diferencias esenciales entre ambos, son que el simétrico o balanceado compensa la falta de linealidad de sus componentes, al anularse mutuamente las diferencias, aunque desde luego lleva el doble de circuitería. Desde el punto de vista teórico y acústico, es el sistema ideal. Si nos centramos exclusivamente en la etapa de salida, un SE proporciona menos de la mitad de potencia, además de que obliga por necesidad a trabajar en clase A, es decir, siempre a máxima potencia. El push-pull tiene además la ventaja de compensar distorsiones y zumbidos.

Cambio de válvulas finales. Ajuste de BIAS

Debido a las tolerancias de fabricación, diferencias entre fabricantes, y entre las mismas válvulas a lo largo de su vida útil, el cambio de las válvulas finales o de potencia, implica necesariamente el ajuste de BIAS. Esta es una operación extremadamente delicada, que solo debería hacerse por técnicos especializados, ya que de ello depende el resultado acústico y la duración de las propias válvulas, y que en algunos casos ha dado lugar a averías en otros componentes como el transformador de salida o la fuente de alimentación. El ajuste de BIAS no sigue unas reglas fijas para un determinado tipo de válvula, ya que depende del tipo de amplificador (A, AB) y de la propia válvula, respetando en todo caso el criterio del diseñador, aunque sin rebasar su potencia máxima de disipación.